El cristal no retiene la luz. La libera.
En HolyVerre, el cristal significa más que un material. Representa el alma: limpia, clara, llena de luz y de energía.
Su transparencia deja que la luz atraviese la forma, la cambie y la traiga a la vida junto con todo lo que la rodea. Cada reflejo, cada refracción y cada destello dan la impresión de movimiento, casi de presencia.
Por eso el cristal se convirtió, para HolyVerre, en símbolo de aquello que no se ve y que permanece igualmente con nosotros.
Luz. Energía. Memoria. Alma.
Elegir un color se vuelve más que una cuestión de gusto. Se convierte en una última manera, muy personal, de contar quién fue la persona que queremos recordar.
Golden Light
La luz de una vida que permanece.
El oro representa lo más precioso: el amor, el calor y la luz que una persona dio a los demás. Golden Light es un homenaje a una vida luminosa, a alguien cuya presencia iluminó el mundo a su alrededor y dejó un calor que nadie olvida.

La vida se compone de muchos elementos que juntos revelan su belleza a pesar de esa complejidad.
Talla diamante
Una pieza única y de gran elegancia trabajada con talla diamante. Su diseño se compone de cientos de pequeños puntos, símbolo de lo compleja que es la vida.
Gabriel en siete colores
Un brillo hermoso que da al momento una atmósfera solemne.
Talla esmeralda
La pieza única de talla esmeralda se distingue por su excepcional refracción de la luz.
Uriel en siete colores
Un diseño que en conjunto invita al recogimiento.
Talla Manhattan
Una hermosa pieza de cristal trabajada en talla Manhattan. Las tallas sencillas del cristal, unidas al núcleo interior de porcelana, crean un diseño excepcionalmente delicado y contenido, y a la vez elegante.
Sariel en siete coloresEl cristal da forma a la luz.
Al atravesar cada faceta tallada a mano, la luz cobra vida. Se refleja, se refracta y se dispersa, entregando destellos y colores sin cuento. Con cada movimiento y cada cambio de ángulo se transforma en otra cosa: serena y sutil un instante, intensa y casi hipnótica al siguiente.
En HolyVerre leemos esa luz como un símbolo del alma: de su energía, su presencia y su singularidad. Un alma que no se puede retener ni encerrar. Puede cambiar de forma, y su luz permanece.
Por eso el cristal de HolyVerre es más que materia. Se convierte en un espacio para la luz. La deja pasar, emanar y adoptar colores sin fin, dejando la impresión de una energía viva que nunca deja de cambiar y que siempre está presente.
Como el alma: invisible y sin embargo sentida. Fuera de alcance y sin embargo presente. Cambia de forma, y su luz permanece.
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